En ocasiones pensamos que la vida son solo algunos momentos que consideramos como importantes y que incluso coloreamos como los mejores y, aunque vale la pena tener en cuenta a estos también es cierto que cada instante que nos ofrece el día a día es digno de ser vivido y disfrutado y por lo tanto cada interacción que se nos presenta nos proyecta una oportunidad de crecimiento. La vida vale la pena incluso en esos momentos en que las expectativas no coinciden con la realidad y las cosas nos llevan a deprimirnos pensando que es mejor morirnos. Todo cumple con un propósito y quizá en esos instantes de afujías debemos asumir otro tipo de actitudes algunas de las cuales nos llevarán a ver en esas mismas pruebas razones de crecimiento.

Una perla anónima nos expresa: “no todas las tormentas llegan a perturbar tu vida, algunas vienen a despejar tu camino”.

Cuentan que cuando el hermano quiso agredir a su hermana a la cual le gustaba mucho la poesía, diciéndole que le faltaba espíritu emprendedor y deseos de ganar dinero y disfrutar de la vida, esta le contestó con un corto texto de Pablo Neruda: “de la vida no quiero mucho, quiero apenas saber que intente todo lo que quise, que tuve todo lo que pedí y ame lo que valía la pena, perdiendo apenas lo que nunca fue mío”.

La vida nos otorga maravillosas oportunidades de crecimiento sin embargo en algunas ocasiones no las valoramos quizá por ello algunas circunstancias que se nos presentan a diario son descalificadas como adversas, todo porque no queremos ver las oportunidades que estas nos ofrecen para nuestro crecimiento como seres humanos.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 3:20, “si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                         ¡nos trasformaremos!