En algunos momentos estamos disfrutando de una excelente momento en algún lugar y con una compañía placentera y sin embargo nuestra mente en vez de quedarse en ese instante prefiere irse hacia al futuro o en el peor de los casos a recordar algo que le sucedió en circunstancias aparentemente similares pero que terminaron mal, con lo cual aquel maravilloso instante se ve contaminado no solo con esas imágenes sino con una serie de expectativas que no permiten el deguste de lo que la vida nos esta ofreciendo. Y es que mientras vivamos apegados a recuerdos, imaginarios e incluso visiones de lo que debería ser pero no es, probablemente nos costara muchísimo más el valorar aquello que se nos esta otorgando y que deberíamos entender como único e irrepetible.

Una perla de Víctor Hugo nos dicta: “el futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable, para el miedoso, lo desconocido y para el valiente, la oportunidad”.

Cuentan que cuando se reunieron los hermanos, uno de ellos, el que no tenia ningún bien pero todos le veían muy feliz a cada momento, les reitero a estos algunos principios que lideraban su vida: – tengan en cuenta que cada vez que nos aferramos a algo o a alguien, lo que estamos haciendo es conectar nuestras mentes a sucesos del pasado y por lo tanto estamos impidiendo que podamos disfrutar el momento presente e incluso lo que vendrá después. Por ende los sigo invitando a que practiquemos como familia el renunciar a aferrarnos de cualquier cosa o persona que ate nuestras vidas.

Y es que no podemos negar que la búsqueda de algunos bienes nos convierte en seres insatisfechos y a la vez en personas que se cargan con estos bienes, al punto que prefieren perder sus vidas que estos, postura que aunque es incoherente parece proliferar en nuestras comunidades en donde nos apegamos incluso a aquello que solo le quita el sentido a nuestras coexistencias.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 4:15, “en lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!