Toda terapia implica una especie de tratamiento al cual nos sometemos, regularmente conscientemente para trasformar alguna situación tanto en lo físico, lo mental o lo espiritual que nos viene afectando. Y aunque parece que la lista de terapias se incrementa cada día más lo cierto es que más allá de clasificar estas, estamos en la obligación de cualificarnos a diario con algunas de esas enseñanzas, en la búsqueda de trasformar nuestras coexistencias y los entornos en los cuales ellas se circunscriben, de lo contrario el proceso de sanación no es completo y por lo tanto aunque algunos síntomas puedan desaparecer más adelante reaparecerán con nuevas secuelas que seguramente harán que ahora busquemos un nuevo tratamiento mucho mas invasivo y complejo.

Una perla anónima dice: “sólo el que no ama está exento de dolor, pero quien a nadie ni a nada ama está muerto”.

Cuentan que cuando le preguntaron al teoterapeuta cuál era el área de trabajo que más practicaba en su día a día este comentó: – creo que somos lo que pensamos por lo tanto me gusta la psiconeuro terapia, pero también siento que somos lo que comemos así que aplico en algunos momentos la psicogastro terapia. Por otro lado siento que somos lo que hacemos por lo tanto en otros instantes de mis tratamientos asumo la psicoteo terapia y por esas y otras razones es que como terapeuta y creyente también recomiendo que debemos pasar de la oración a la ora-acción.

Hay cientos de formas de sanarnos si así nos lo proponemos, más lo importante para ello es reconocer que algo nos esta afectándonos y tomar la decisión que ello no nos siga infectando, con lo cual nos proponemos sanarnos, proceso que no se da de la noche a la mañana y que entre muchas cosas nos debe llevar a un cambio de hábitos dejando a un lado todas aquellas palabras, pensamientos y acciones de las cuales lentamente nos hacemos conscientes del daño que nos están generando.

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 30:19, “a los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando al Señor tu Creador, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!