El oficio de campesino viene siendo cada vez menos valorado tanto que su remuneración se hace aun por jornales y no por un salario promedio y lo que es más injusto, sus garantías laborales comparadas con otros oficios son casi nulas, obviando que de esas manos y del trabajo de dichas personas depende el sustento de millones de seres humanos, lo que debería llevarnos a ver en el campo no solo nuestro principal recurso de subsistencia sino a la vez la más preciada labor que deberíamos promover incluso en las nuevas generaciones, de lo contrario probablemente tengamos muchos médicos, abogados, ingenieros, economistas y otros profesionales pero no contaremos con los alimentos necesarios para ejercer estas profesiones y quizá para vivir.

Una perla anónima nos reitera que “no siempre se necesita un plan, sino simplemente respirar, confiar, dejar y hasta esperar el aprendizaje que llegará”.

Cuentan que cuando el hijo del campesino se graduó de bachiller y debía decidir sobre la carrera universitaria que iba a estudiar, se sentó con su padre buscando que este le aconsejara por lo que le sorprendió que él le dijera: – nuestra vida es de servicio a los demás y aunque todos quieren ser médicos, estos atienden a sus pacientes un día y en ocasiones otras veces, mientras los abogados regularmente asisten a sus clientes tan solo una vez, pero nosotros los agricultores atendemos a la humanidad todos los días produciendo los alimentos para que este planeta continúe permitiéndonos existir.

Y aunque desafortunadamente poco o nada se valora esta profesión tan importante para la misma humanidad convirtiendo el concepto de campesino en algo incluso despectivo, lo cierto es que es gracias a esos seres humanos y sus esfuerzos es que podemos contar con los alimentos necesarios para coexistir como especie.

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 16:4, “y el Creador dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                    COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!