Algunas reflexiones nos invitan a comprender que lo más importante y trascendente que debemos intentar tiene que ver con encontrarle un sentido o propósito a nuestras existencias, concepto que aunque esta mezclado con cientos de concepciones filosóficas y religiosas al respecto de nuestra existencia, nos invita a hacernos conscientes de todo lo que implica estar vivos y por lo tanto el gozo que de ello se debería derivar. Y aunque dicho concepto nos invita a tener en cuenta otras cuestiones tales como el significado simbólico, la ontología, el valor, el propósito, la ética, el bien y el mal, el libre albedrío, y otras tantas reflexiones, quizá lo más importante de encontrarle sentido a nuestras vidas es el valorar lo que en este aquí y ahora somos, tenemos, hacemos y sobre todo los seres vivos con los cuales convivimos.

Una perla anónima nos invita a que aprendamos de “la aceptación en occidente, ya que ella es algo muy propio de la cultura oriental”.

 

Cuentan que cuando la estudiante le preguntó a su profesora si tenia sentido la vida, esta le dijo: – una vez que vamos viviendo vamos conociendo el propósito del verdadero significado de la vida y gracias a ese aprendizaje podemos disponernos de todo lo que hemos adquirido en el día a día para asumir nuestra vida totalmente conscientes del valor de la misma, reconociendo lentamente que todo lo que nos sucede en cada circunstancia vivida tiene un propósito e incluso se genera para nuestro crecimiento como seres humanos.

Mucho se habla al respecto de encontrarle sentido a nuestras existencias y aunque el concepto se ha debatido históricamente por diferentes corrientes filosóficas hay quienes consideran que este se halla en la consecución de una forma superior de conocimiento, la cual es la idea, forma, del bien, de la cual todo lo bueno y lo justo obtiene utilidad y valor.

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 4:11, “El Creador le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo el Creador? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!