Regularmente hablamos de la influencia que ejercen los otros sobre nosotros, pero poco o nada evaluamos la que ejercemos nosotros al respecto de los demás, especialmente sobre nuestros menores. Y aunque es lógico que seamos influenciados por lo que nos rodea y que por lo tanto nos dejemos influenciar por algunas personas de esos entornos, lo cierto es que deberíamos ser nosotros los que con nuestras renovadas y mejoradas actitudes nos propongamos trasformar así sea lentamente los hábitos incluso de quienes en algunos momentos percibimos como indignos de emular. Y es que si quienes se sienten buenos tomaran la decisión de multiplicar sus acciones en todos aquellos que les rodean seguramente las provocaciones de quienes calificamos como los malos no serian tan magnificadas.

Una perla de George Shaw nos revela que “las revoluciones nunca han aligerado el peso de las tiranías, solo lo han cambiado de hombros”.

Cuentan que cuando el abuelo observó a su nieto acongojado le mostró un termómetro y un termostato y le pidió que le dijera la diferencia. Y como el muchacho no le decía nada este le comento: – un termómetro, es guiado por las circunstancias a su alrededor, dependiendo de la temperatura del lugar, el mercurio sube o baja. El termómetro no tiene la capacidad de controlar su propia temperatura, sino que depende de otros factores que le indiquen si debe subir o bajar. Mientras que un termostato influencia lo que lo rodea a diferencia del termómetro, el termostato determina  la temperatura , ya sea calor o frio, así que el termostato es quien dicta el ambiente.

Hay diversas analogías que nos sirven para evaluamos y saber si estamos creciendo como personas, por lo tanto es importante que aprendamos de dicho termostato antes que dejarnos guiar por las circunstancias externas, que aunque es sano evaluarlas solo deben servirnos para entender que si nos afectan no deben infectarnos ya que de nosotros siempre dependerá tanto el cambio interior como en parte el exterior.

El Texto de Textos nos revela en Daniel 1:8, “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                      COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!