No se requiere trabajar para un medio informativo para informar o desinformar, por el contrario con el solo hecho de difundir algo que sabemos es mentira o lo que es peor de adecuar la versión de algún hecho a nuestra sesgada visión, ya estamos haciendo daño. Incluso quienes gustan de este ruidoso voz a voz para generar bochinches y conflictos no se dan cuenta que todas las palabras expresadas de alguna forma regresan a nosotros a través de esas ondas hercianas que las trasportan y que por moverse dentro del universo terminan incluso reproduciéndose y retroalimentando nuestros seres, de allí la importancia de cuidar lo que decimos ya que ello se convierte en los actos que percibimos.

Una perla anónima nos invita a trabajar en tres habilidades sociales, “la paciencia, la prudencia y la sapiencia”.

Cuentan que cuando le preguntaron al líder el por qué no aceptaba entrevistas de los medios masivos y además trabajaba su imagen tan poco en las redes sociales dejando incluso que algunos dijeran lo que querían de él. Este simplemente repuso: – la vida me ha enseñado que desafortunadamente hay cientos de medios desinformando y buscando que se odie al oprimido y se ame al opresor.

Históricamente algunos medios de información especialmente los que son de propiedad de intereses particulares y por ende defienden unas políticas implantadas por estos supuestos lideres, presentan las cosas no como son realmente sino como estos propietarios desean que se muestren, lo que no solo es perjudicial sino a la vez contrario a la esencia de todos los medios de información que deben trabajar por el bienestar general.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 8:31, “¿qué, pues, diremos a esto? Si el Creador es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                                     COTIDIANIDADES…                                                                                        ¡nos trasformaremos!