Para nadie es un secreto que un niño es un ser inocente, y que regularmente busca el conocer y activar su creatividad para lo cual requiere no se le ataque esa curiosidad que lo lleva a estar en constante movimiento, lo que también hace que los niños deban ser guiados pacientemente mostrándoles más lo que queremos que hagan que prohibiéndoles. Tengamos presente que adicionalmente los niños deben aprender a interactuar con sus semejantes pero para ello requieren del buen ejemplo de sus mayores, ya que aprenden más imitando que siguiendo instrucciones verbales lo que quiere decir que ellos grabarán en su ser cada cosa que suceda en esa época infantil que va más allá de los siete años, espacios en los que se moldea su temperamento y en parte hábitos de vida futuros. Lo que significa que es el momento de construir un nuevo modelo educativo para nuestros infantes.

Una perla anónima nos dice; “si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar”.

Cuentan que cuando se reunieron un grupo de docentes de educación inicial con varios padres de familia muy jóvenes que tenían sus niños en brazos, listos para inscribirlos en dicho jardín, estos les dijeron como primera recomendación a esos padres: – que maravilloso que a diferencia nuestra ustedes ya tuvieran en cuenta que es en la infancia en donde se define la salud mental de los adultos por lo tanto ustedes como padres deben pensar más de dos veces antes de corromper el alma de esos niños, sus hijos, con palabras hirientes o toxicas o con acciones que atenten contra su inocencia, creatividad y búsqueda de juego constante.

Desafortunadamente algunas instituciones educativas quieren que los niños dejen de ser niños y además que estos se comporten como adultos y por lo tanto les llenan de prohibiciones y los meten en aulas que cual jaulas les impiden a los niños correr, jugar, recrearse, divertirse y por lo tanto compartir con los demás seres vivos.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 43:1, “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!