Dentro de los muchos sentimientos que pululan en nuestras comunidades y de los que debemos tener cuidado el orgullo o soberbia se encuentra entre los que más debemos atender ya que dicha distorsión nos lleva a valorarnos de forma equivocada, haciéndonos además que creamos que estamos por encima de los demás. Y aunque hay quienes aseguran que el orgullo como tantas cosas en este mundo también contiene una vertiente positiva a través de la cual se delimita un tipo de personalidad que debe estar un poco ajustada a nuestro bienestar y que con ella nos alejamos de posturas dañinas que en algunos momentos nos distraen hasta de nosotros mismos, lo cierto es que en el fondo el orgullo nos incita a humillar a los otros no solo con nuestro exceso de confianza sino incluso descalificando las mismas cosas de ellos. Tristemente la persona soberbia supone que todo lo que hace, todo lo que dice y todo lo que piensa es casi perfecto, error craso que hace de los orgullosos personas impotables y con las que nos cuesta compartir.

Una perla anónima expresa que, “la fe no hace que las cosas sean fáciles, hace que sean posibles”.

Cuentan que cuando la docente observó como un ex alumno retornaba a su escuela a presumir de algunos logros mal habidos y además a humillar incluso a sus mismos profesores por supuestamente alcanzar rápidamente lo que ellos nunca lograrían mientras siguieran enseñando, esta sabiendo que él estaba muy equivocado, lo llevo a un lado y le recordó que: es el orgullo la peor de las distancias entre los seres humanos, ya que no solo esconde palabras, guarda nuestras mejores expresiones sino que además finge lo que nosotros no somos guiándonos a través de enojos para endosarnos mentirosas promesas.

Mucho se habla del orgullo pero sin embargo poco se hace por un sentimiento que contrariamente a la humildad que debemos tener, nos hace suponer únicos, mejores y en algunos casos hasta necesarios e indispensables.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 4:10, “porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !!ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!