Tristemente hay personas que presumen el saber mucho simplemente porque desde sus egos consideran que cuentan con mayores conocimientos que otros seres con los cuales comparten algunos escenarios. Sin embargo esta demostrado que entre más creemos saber es menos lo que realmente conocemos y ello es debido a que entre más estamos aprendiendo más vamos descubriendo el infinito número de conocimientos que nos faltaría por aprender e incluso la imposibilidad que tenemos para ello. Así las cosas lo mejor que podemos hacer es lograr compartir nuestros escasos conocimientos con otras personas y a la vez dejar que esos otros nos permitan aprender de ellos para desde dicha lógica de convivencia y armonía seguir creciendo juntos.

Una perla anónima asegura que, “quienes no perdonan a otros sus pequeños defectos, jamás disfrutarán de sus grandes virtudes”.

Cuentan que cuando su prepotente hijo quiso callar a su primo haciéndole sentir menos, todo porque según él no había estudiado en los colegios y universidades en donde a él le habían dado su titulo de doctor, la madre en la noche espero que fuera el momento y a solas le dijo a este: – hay dos formas de enfrentar la vida, una es a través del orgullo suponiendo que lo sabemos todo y otra, es a través de la humildad, reconociendo que tenemos mucho a diario que aprender.

Y es que aunque hay personas que por tener algunos títulos e incluso suponer que estos tienen los símbolos de prestantes entidades, sus quehaceres valen más que los de los demás, no se dan cuenta que cada persona tiene no solo mucho que enseñar a las demás sino sobre todo muchísimo que aprender de esos otros.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 11:23, “ El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!