Contradictoriamente a lo que debería ser muchas personas quieren ver las cosas ordenadas y limpias pero no aportan nada para ello, incluso, históricamente se sigue viendo el oficio del aseo desde una ilógica despectiva que minimiza esta importante labor y le quita la prioridad que debe tener para nuestras coexistencias. Pero con todo y ello si son muy pocos los que están dispuestos a limpiar y ordenan y asumir el oficio del aseo casi como un pontificado, ya que la mayoría de las personas preferimos no asumir la loable tarea siquiera de no ensuciar y generar desorden con lo cual no deberíamos siquiera reclamar el por qué algunas casas, calles y hasta vecindades se encuentran sucias y desordenadas.

Una perla anónima nos insinúa que “vemos las cosas como realmente las deberíamos interpretar nosotros y ni siquiera como las pueden visionar esos otros”.

Cuentan que cuando el ama de casa discutió con su exigente esposo debido a que este llevó de sorpresa a su mejor amigo a la casa y observaron todos algo de desorden, lo cual a este le molesto, ella espero que llegara la noche y después de la cena le invitó a él y a sus hijos a la sala y allí les dijo: – un hogar que se mantenga más limpio no depende tanto que la madre lo limpie más, como sino que todos lo ensucien menos.

Valida propuesta para quienes haciendo parte de un hogar esperan que sea la madre u otras personas quienes le mantengan ordenado y limpio cuando esa misma persona es la mayor causante de mugre y desorden, por lo que deberíamos asumir el reto de trabajar en equipo no solo para limpiar y ordenar en algunos momentos sino para que en todo instante se ensucie menos.

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 4:29, “mas si desde allí buscares al Creador tu Padre Celestial, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!