Hay quienes aseguran que deberíamos ser eternamente niños para que gracias a esa inocencia natural y a la búsqueda continua de aprendizajes mantengamos una apertura mental y creativa que nos permita a la vez vencer todos esos egoísmos y orgullos que nos llevan a suponernos más que otros. Tristemente en algunas comunidades se trata que los niños no jueguen y encerrados en jaulas escolares empiecen a comportarse lo más pronto posible como adultos autómatas que solamente cumplen las ordenes de quienes les gobiernan. Postura ilógica que desdice de una etapa en donde incluso nuestro cuerpo necesita del juego, de correr, de soñar y de una alimentación coherente que siembre en ese ser en formación todos los ideales de una vida mejor y de un mundo más fraternal.

Una perla anónima dice: “quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”.

Cuentan que cuando la vecina escuchó como una mujer en la tienda denigraba de su amiga de al lado afirmando que su niño le armaba unos enormes berrinches y a ella le faltaba autoridad y que probablemente ese chiquillo cuando creciera incluso le terminaría pegando. Esta le interrumpió para decirle: – la vida me ha enseñado cuando veo a una madre con su hijo y que este le esta haciendo una pataleta, a no juzgar ya que mi propia experiencia me demostró que los berrinches de la infancia son normales, más no lo es la intolerancia de nosotros los adultos.

Y es que uno de los errores más comunes que se cometen en nuestras sociedades es el de aspirar que los niños se comporten como adultos y por el contrario obviar que en sus inquietudes, búsquedas, cuestionamientos e incluso rabietas esta toda una posibilidad de crecimiento y aprendizaje que los adultos deberíamos imitar.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 5:14, “por lo cual dice: despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!