Cada vez son más las quejas de personas que aseguran que se le viene dando un uso perverso a las tecnologías, tanto que las mismas autoridades han venido enfatizando en los delitos informáticos y en las restricciones al uso de estas herramientas que bien manejadas son para el beneficio común. Se trata por ello no solo de conocerlas, de reconocernos a través de ellas y a la vez de darles el mejor uso que podamos o de lo contrario lo que nos puede ser útil se convierte simplemente en algo hasta dañino. Y esa misma analogía la debemos usar para nuestras vidas y las interrelaciones que en ellas se inscriben las cuales requieren que les demos el mejor uso o de lo contrario simplemente estamos desperdiciando la oportunidad que se nos da a diario para degustar de esta vida.

Una perla anónima expresa: “no hacer nada por miedo a cometer un error es ya un error”.

Cuentan que cuando el viejo docente llegó renegando de todo y de todos, especialmente del Creador argumentando su inexistencia ante tanto caos mundial. La nueva docente le llevó a su sala de sistemas y allí le dijo: – por el hecho que no entendamos el cómo funciona la tecnología e incluso el mal uso que algunas personas le den a estas, no quiere decir que la podamos descalificar. incluso, no entender de chips, ni de como se interconectan las ondas de internet, ni de programación o de algoritmos no quiere decir que no podamos creer en estas y menos el disfrutar de ellas mejorando así la calidad de nuestras vidas.

Muchas herramientas tecnológicas están allí para apoyarnos pese a que las desconocemos y en algunos casos no las sabemos usar y lo mismo sucede con nuestra vida espiritual de la cual algunas personas desconocen, otras las usan mal o a su acomodo mientras que otras simplemente le dan un uso cotidiano adecuado que mejora sus existencias.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 55:6, “buscad al Creador mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!