Regularmente no nos gusta el cumplir ordenes pese a que nuestras cotidianidades están llenas de todo tipo de normas, instrucciones y de personas que ejercen todo tipo de autoridad. Por lo que seria mejor que vez de oponernos a estas las respetáramos y cumpliéramos a cabalidad nuestros deberes, eso sí sabiendo que quien funge de autoridad lo esta haciendo con el mismo respeto y cabalidad que se espera de nosotros. No se trata de esperar la infracción a nuestra desobediencia como sí de comprender que las normas tienen una razón de ser y que si las visionamos como acuerdos para nuestro crecimiento como seres humanos todas ellas se enfocarán en un bienestar general en donde por lógica se encuentra inserto nuestro propio bienestar particular.

Una perla de Benjamín Franklin, nos dicta: “la llave que se usa constantemente reluce como plata: no usándola se llena de herrumbre. Lo mismo pasa con el entendimiento”.

Cuentan que en sus cotidianidades Hiroo Onoda, fue uno de los mejores comandantes del ejercito imperial japonés y es que fue tal su entrega a su labor encomendada en Filipinas en la segunda guerra mundial hacia el año 1945, que una vez terminó esta el comandante Onoda no atendió los comentarios de quienes le decían que la guerra había terminado, suponiendo que eran tácticas del enemigo, por lo que solo treinta años después de terminada esta hacia 1974 y ante la visita de su propio jefe el comandante Onoda suspendió la labor encomendada.

Y es que aunque nos parece extraño este tipo de comportamientos, que valioso seria si comprendiéramos lo que significa el cumplimiento del deber y además él seguir al pie de la letra las ordenes del único que nos las puede dar el Creador para con esa misión darle propósito y motivaciones a nuestro día a día.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 25:4, “quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!