No podemos negar que estamos afectados directamente por nuestros entornos y de lo que de ellos capturan nuestros sentidos. Lo que quiere decir que generalmente nos movemos más por lo que percibimos que por otro tipo de sensaciones. Vale entonces la pena que revaluemos esta postura y nos dediquemos más a mirar otras expectativas para incluso redescubrir nuevas posibilidades de vida en donde buena parte de nuestras interacciones se inscriben pese a que no somos conscientes de la importancia que estas tienen en nuestro día a día. Si vamos a dejarnos deslumbrar por algo que sea por todas las cosas maravillosas que nos ofrece a diario la Creación y que se inscriben dentro de nuestras diarias interrelaciones, las cuales ciertamente también nos otorgan maravillosas y nuevas percepciones.

Una perla de Aristóteles expresa que, “la verdadera felicidad consiste en hacer el bien”.

Cuentan que cuando el marinero sintió que ya era hora de enseñarle a su hijo algunos trucos importantes que debía tener en cuenta no solo en su vida futura sino también en la navegación si quería seguir los pasos de su padre, este le recomendó: – un buen marinero sabe que para navegar debe colocar su mirada más en las estrellas que en la brújula, ya que de esa forma su rumbo es más cierto y no se verá afectado ni siquiera si esta navegando en medio de gigantescas olas.

Y es que en ocasiones fijamos nuestra mirada en objetivos terrenales descuidado algunas metas más trascendentes que seguramente nos arrojarán otras mejores opciones más adelante distintas a la obtención de esas expectativas temporales. Lo que quiere decir que debemos colocar nuestra mira en las cosas eternas más que en las temporales.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 12:1, “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús”. 

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!