Uno de los errores más comunes que cometemos dentro de nuestros procesos de crecimiento tiene que ver con el no valorar nuestras experiencias y por ende la vida. Con lo que dejamos de reconocer a los demás, hasta que el día a día se encarga de colocarnos frente a una especie de abismo en donde regularmente y en primer momento le perdemos el sentido a nuestras existencias, confrontándonos incluso al respecto de si vale o no la pena continuar en ella. Afortunadamente al poco tiempo vamos obviando todas esas emociones adversas que nos descontrolan y nos vamos dando cuenta de todas las cosas maravillosas que cada interacción nos ofrece y que obviamos por estar distraídos en una serie de expectativas a las que si bien les damos cierta importancia a veces redescubrimos que estábamos más que equivocados.

Una perla de Antoine de Saint-Exupéry asegura que, “si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin”.

Cuentan que en una cotidianidad en una competencia de leñadores, los mas jóvenes de la comarca se dedicaron a golpear y golpear arboles con todas sus fuerzas, mientras que el ganador de todos los años, lo hacia a un ritmo para esos otros lentos y además hacia demasiadas pausas. Una de ellas para almorzar. Sin embargo como ocurría siempre, ganó por enésima vez, así que al recibir el premio su vecino le preguntó cuál era su secreto y este le dijo: – paro para afilar el hacha y para retomar fuerzas y así dar golpes mas certeros.

Hay momentos en que la ansiedad, la impaciencia y la imprudencia nos llevan a cometer errores de los que ni siquiera nos damos cuenta. Ello debido a que la vida nos va demostrando que debemos hacernos conscientes de tantas inconciencias y que por lo tanto son las experiencias las que nos dan la madurez necesaria para reconocer que la vida ha valido la pena.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:30, “los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan al Creador tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!