Como solo parece tenemos certeza al respecto de lo terrenal obviamos que también existe una visión eterna de la cual desconocemos todo pero que no podemos desconocer especialmente cuando nos vamos haciendo conscientes que este vida material es pasajera y efímera. Tristemente al no vernos como seres espirituales ese sentido de trascendencia que incluso parece inscrito en nuestros genes se ve empañado por una serie de distractores y distorsiones que nos llevan a entregarnos a todo tipo de actividades algunas de las cuales son bastante dañinas, tanto que aceleran nuestro deterioro y proceso de muerte, llevándonos a obviar que este transito por corto que nos parezca es digno de ser disfrutado de una manera armónica, sana, fraternal y servicial para reconectarnos desde aquí y ahora con el Creador.    

 

Una perla anónima nos dice que, “cuando creas que no hay una razón de peso para sentirte agradecido simplemente tomate el pulso, tu corazón late aunque parece lo olvidas”.

 

Cuentan que cuando el desobediente hijo regresó a su casa producto de varios días de juerga sin importarle las reglas de ese hogar y que incluso ya sus padres le había reconvenido a que si seguía con ese modelo de vida desordenado lo mejor es que abandonara ese espacio, este se acostó a dormir y solo se levanto al siguiente día, así que una vez estuvo en pie sus dos padres le tenían lista la maleta mientras le decían: “estas cambiando la gracia eterna por unas migajas temporales terrenales y es que aunque el mundo te promueve la lana, la cama y la fama todo ello es temporal y no significa nada frente a la eternidad que nos espera”.  

 

Desafortunadamente nos vemos como seres temporales que nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos ante lo cual parece poco nos importa el trascender o lo que puede ser el paso de esta vida a la muerte en la cual sospechamos todo se termina. 

 

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 3:1, “mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos del Creador; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él”.

 

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!