Mucho se habla de emociones que como la ira nos generan una espacie de intenso dolor que nos lleva a acometer locuras que en nuestros cinco sentidos seriamos incapaces de hacer. Y es tal ello que el mismo derecho penal reconoce a la ira como un atenuante a la hora que un juez imponga una pena, debido a que ella nos roba la razón. Sin embargo no podemos excusarnos en esas emociones para aducir que no teníamos el control de nuestra situación, cuando lo que debemos hacer es una vez esta se denota ese impulso en nuestro ser es para alejarnos de ese espacio en busca de calmarnos o de lo contrario después tendremos que afrontar las consecuencias de todo lo que racionalmente nunca hubiéramos hecho.

Una perla de Niels Bohr asegura que, “un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un determinado campo”.

Cuentan que en una cotidianidad cuando la vecina observó como una mujer maldecía, renegaba, tiraba las cosas y estaba apunto de agredir a su propia familia producto de un estado de ira, espero que pasaran unos días para visitarla y decirle: – la ira es una enorme enfermedad que se puede comparar con aquel que enciende fuego al vecindario para acabar con quien supone le esta haciendo daño, sin darse cuenta que con ello incendia además de esa su casa, la de sus vecinos, familiares, amigos y la de él mismo.

Y es que aunque se podría decir que la ira como sentimiento es algo que hemos sentido la mayoría de personas, también es claro que a algunos seres humanos esta les domina, contamina y enceguece al punto de no dejarlas siquiera pensar en sus acciones y los efectos de las mismas y por el contrario les lleva a ser capaces de destruirse a si mismos.

El Texto de Textos nos revela en mateo 28:20, “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!