Estamos inmersos en comunidades que han clasificado a las personas de acuerdo a posiciones sociales de aparente prestigio y poder o posesiones materiales que regularmente solo le dan más valor comercial a esos seres. Y aunque no podemos negar que ello es un error lo cierto es que nos movemos en esos rangos de acción en donde incluso nosotros mismos nos devaluamos perdiendo nuestra estima si no nos sentimos cerca de dichos estándares. Lo cierto del caso es que debemos trabajar para comprender que todos los seres vivos tenemos un grado de importancia lo que quiere decir que todos esos otros seres merecen no solo nuestro respeto sino la búsqueda de integrarnos armónicamente a ellos y por lo tanto a la misma Creación.

Una perla anónima expresa: “puedes ser lo que deseas, sólo existe un obstáculo: tú mismo”.

Cuentan que cuando una persona se metió en su auto por la vía equivocada dentro de una enorme empresa, un guarda de seguridad salió en su búsqueda y le atravesó la motocicleta  luego de golpearle el carro con un puntapié. Pero para sorpresa del aireado guardia quien descendió calmadamente del auto portaba el carné de presidente de aquella compañía. Sin embargo una vez el guarda quiso disculparse este alto ejecutivo simplemente lo invito a cambiar de actitud.

Regularmente nos compartamos de una forma cuando estamos frente de ciertas personas a las cuales les damos una importancia mayor incluso de la que merecen y por el contrario nos comportamos de otra forma con aquellos que por compartir nuestras vidas a diario con ellos parece que les quitamos el verdadero valor que tienen.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 12:1, “acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!