La naturaleza esta allí presta a enseñarnos cientos de lecciones que si las sabemos leer las podemos aprovechar para la armonía de nuestras coexistencias. Sin embargo en ocasiones no solo somos ciegos a dichas enseñanzas sino que a la vez nos volvemos tercos y actuamos contrario a esas visiones, generando no solo depredación a nuestros entornos sino a la vez desmejorando la calidad de nuestras vidas. Incluso cuando la misma naturaleza en busca de retomar esa armonía nos da nuevas y mejores lecciones las recibimos como lesiones, todo por no intentar comprender sus leyes, movimientos y sobre todo sus interacciones las cuales en algunas ocasiones queremos trasformar a nuestro acomodo.

Una perla de John Dryden afirma, “el ofendido muchas veces sabrá perdonar, pero el ofensor jamás perdona”.

Cuentan que en una cotidianidad el jardinero que intentaba adiestrar a su hijo en dicho oficio pero también en algunas enseñanzas de este arte que se debían aplicar en la vida, le solicitó que podara el campo sabiendo dentro de si que el chico no quería hacerlo, así que como este no cumplió con la tarea en la noche lo castigo no dejándole ir al cine con sus amigos. Molesto el chico se acostó y al otro día observó como su padre hacia la tarea que él no hizo. Cuando intento dialogar nuevamente con su padre para que las cosas mejoraran este simplemente le dijo: – ahora estas aprendiendo que la limpieza de nuestro ser es de suma importancia y así como la poda y el abono que le echamos a las plantas, todo ello se requiere para que florezcamos.

La naturaleza nos entrega a diario hermosas lecciones de vida que sin embargo parece no valoramos en toda su dimensión y producto de ello regularmente perdemos de vista enseñanzas elementales que pasan por arar la tierra antes de sembrar, buscar la semilla adecuada y sembrarla en el momento propicio, regar la tierra y limpiarla de maleza y finalmente podar para poder finalmente recoger la cosecha.

El Texto de Textos nos revela en Hechos 18:9, “entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!