En unas comunidades en donde pareciera prevalecer el engaño se ve como natural que digamos una cosa y hagamos otra incluso que nos mantengamos mintiéndonos. Mas dicha perspectiva es una visión garrafal que no solo nos hace daño ya que nos mantiene a nosotros mismos engañados sino que va debilitando la confianza, credibilidad y cercanía que debemos tener para con los demás. Que maravilloso que trabajemos arduamente por honrar lo que decimos y gracias a ello alcancemos una coherencia con respecto a lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que hacemos logrando una sana armonía con aquellos seres con los cuales convivimos.

Una perla de Lao Tse nos exhorta; “saber creyendo no saber, eso es lo excelso. No saber creyendo saber, eso es una enfermedad”.

Cuentan que en una cotidianidad la madre escuchó como su hijo prometía cosas y no las cumplía así que un día le llamo a un lado y le recomendó: – honra tus palabras, lo que sale de tu boca es lo que en el fondo eres tú, por lo que hay que honrar lo que decimos siendo además gracias a ello coherentes con lo que sentimos, con lo que hacemos y anhelamos, de lo contrario no nos honramos ni siquiera a nosotros mismos y cuando uno no se honra difícilmente se ama.

Válida propuesta para que aceptemos que lo que decimos esta estrechamente ligado a lo que pensamos lo que a su vez implica que esa suma de ideas deben concordar con lo que realmente sentimos y a su vez todo ello tiene coherencia con lo que hacemos lo que finalmente delimita lo que somos.

El Texto de Textos nos revela en Apocalipsis 3:20, “he aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!