Desafortunadamente uno de los temas que menos trabajamos como comunidad es el auto control y por el contrario dejamos desfogar todo tipo de sentimientos sin ocuparnos siquiera de los efectos de estos tanto en nosotros como en los demás. De allí la importancia de mantener regularmente el control de nuestras emociones evitando que en nuestro ser se alojen sentimientos de amargura que regularmente se hospedan también en nuestro corazón y terminan no solo infectando nuestras reflexiones sino a la vez las relaciones con los otros, llevándonos a responderles a estos con agresiones cuando incluso estamos convencidos de la importancia de intentar siempre agradar sus existencias. Vale la pena entonces que dediquemos un tiempo diario para el control de esa emociones que mal manejadas solo nos generan lejanía con nosotros mismos.

Una perla anónima nos explica que, “la ofensa es un regalo que tu decides aceptar o rechazar”.

Cuentan que en una cotidianidad la esposa fue confrontada por la vecina al respecto de cómo hacia para no dejarse contagiar del continuo mal humor de su marido, a lo que esta con mucha dulzura le dijo: – la vida nos da la diaria oportunidad de amargarnos o de ser felices, así que yo escogí el ser feliz y ayudarle de alguna manera a él a que vaya entendiendo que su rabia pasará pero aunque trate de dejarla conmigo ese tipo de sentimientos y emociones no me interesan. Y como tengo claro que yo no puedo controlar lo que hay en el corazón de él y sí lo que cargo en el mío solo recibo el amor que él me da y no su rabia.

Bien se dice que lo mejor que debe salir de nosotros es una fuente dulce que agrade la vida de los demás y que promueva la fraternidad y el servicio. Y aunque en ocasiones ello nos parece algo casi utópico lo cierto es que debemos trabajar a diario para que ello sea una realidad que florezca tanto en nuestro ser interior como en nuestros entornos.

El Texto de Textos nos revela en Juan 11:25, “le dijo Jesús: yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque este muerto, vivirá.  

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!