En los temas de dilemas fuertes la lista es tan amplia y nuestra capacidad de soportar tan compleja que se podría pensar que todo es más fuerte que nosotros. Sin embargo se ha venido demostrando que estas fortalezas o debilidades dependen más de la perspectiva que las enfrentemos e incluso de las herramientas con que contemos para ello. Desde esa mirada la misma naturaleza que en ocasiones nos parece hasta débil denota que puede debido a ciertos impulsos exteriores convertirse en algo verdaderamente fuerte e incontenible para nuestra especie, así las cosas las fortalezas dependen en general de una suma de factores que vistos desde una perspectiva de la Creación nos denotan que como seres eternos unidos a Él somos verdaderamente fuertes.

Una perla de Fontenelle, nos dice; “no os toméis la vida demasiado en serio; de todas maneras no saldréis vivos de ésta”.

Cuentan que un proverbio hindú asegura que existen diez cosas fuertes sobre la superficie de la tierra: el hierro que taladra las montañas, sin embargo es más fuerte el fuego capaz de destruir el hierro, y aun más fuerte es el agua que extingue los incendios, y más fuerte que el agua son las nubes que se beben el agua, y más fuerte que ellas el viento que juega con las nubes, y más fuerte que el viento es el hombre que lo pone a su servicio, pero más fuerte que el hombre es la embriaguez y más que la embriaguez el sueño y más que el sueño la pena que roba los ojos al sueño, pero lo más fuerte que la misma pena es la muerte que pone fin a toda pena.

Sin embargo valdría la pena entender que en el fondo más fuerte que la muerte es la misma vida que es eterna y que no se termina con la muerte, además ella misma contiene la tierra, el hierro, las montañas, el fuego, el oxigeno, el aire y al hombre mismo y todos sus sueños, anhelos y expectativas.

El Texto de Textos nos revela en Santiago 5:13, “¿está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!