Una persona que se acostumbra a ser impuntual regularmente tiene un enorme listado de excusas para no reconocer su problema y menos dimensionar los alcances de esta falta de respeto. Incluso en muchas entidades e instituciones no controvierten este tipo de actitudes y hasta las patrocinan al no colocarles a estas algún tipo de sanción obviando que este tipo de antivalores tiene mucho que ver con una suma de irresponsabilidades que deterioran las relaciones de nuestras sociedades. De allí la importancia de trabajar a fondo nuestra puntualidad y de llegar mucho antes de la hora a la que fuimos citados, no solo como una muestra de interés para con la otra persona sino a la vez de respeto a nuestro tiempo y al de los demás.

Una perla anónima afirma: “que las ideas no separan tanto a las personas como sus intereses”.

Cuentan que en una ocasión el hombre llegó como era su costumbre tarde a la cita de negocios que desde hacia un tiempo había programado con una dama muy puntual, quien se había tomado el trabajo de confirmarle esta en la mañana, tan solo unas horas antes de la misma, por lo que se sorprendió mucho de ver que aquel hombre no solo llegaba tarde sino poco sorprendido y menos arrepentido de su impuntualidad que casi consideraba como natural. Así que ella lo saludo respetuosamente, se paro de la mesa para marcharse pero antes de hacerlo le dijo: – un impuntual debería comprender que para robar a una persona no es necesario sino quitarle parte de su preciado tiempo.

En algunas comunidades en donde la impuntualidad no parece ser vista como un problema sino como una costumbre hasta risible a la cual se le acompaña con todo tipo de extrañas excusas, no es común que quien espera se sienta agredido por algo que en otras latitudes es asumido como una falta grave de irrespeto.

El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 24:10, “entonces le remordió a David la conciencia por haber realizado este censo militar, y le dijo al Señor: He cometido un pecado muy grande. He actuado como un necio. Yo te ruego, Señor, que perdones la maldad de tu siervo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!