El mundo es cambiante y aunque hay situaciones que dentro de esas trasformaciones cotidianas consideramos como adversas y poco deseadas, lo cierto es que todo nos sirve para bien si así nos lo proponemos. Se trata de asumir cambios desde nuestro ser interior que lentamente se reflejen en lo exterior y que además contagien a otras personas para sumarse a nuestro camino. Cambios que al sintonizarse implican unas sociedades mas armónicas, fraternales y serviciales. Así que no solo debemos anhelar esos cambios sino decidirnos a hacerlos realidad pasando de lo inconsciente de algunas acciones a tener plena conciencia de las mismas y los efectos que pueden generar.

Una perla de Quino a través de su personaje Miguelito afirma: “yo diría que nos pusiéramos todos contentos sin preguntar porque”.

Cuentan que en una cotidianidad el director de la escuela le pidió a los padres de familia que tomaran decisiones al respecto de cómo educar a sus hijos, pero les advirtió que había una gran diferencia entre decidir y ejecutar lo que se decidía. Ya que cientos de personas deciden hacer cosas pero solamente se quedan en dicha afirmación sin darse cuenta que la diferencia real que debemos comprender es que muy pocas son las personas que deciden y actúan, ejecutan y lo hacen. Por lo que la mayoría deciden hacerlo pero no llevan a cabo ese plan que suponen seria el mejor.

En algunos momentos de nuestros días reclamamos porque las cosas no cambian, por lo que la mejor manera de hacer que las cosas realmente cambien es haciendo nosotros los cambios interiores que sospechamos nos arrojaran a futuro esas trasformaciones exteriores, ya que aunque el mundo exterior no cambie con esa misma rapidez si hacemos cambios interiores todo mejorará.

El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 1:8, “ahora bien, sabemos que la ley es buena, si se aplica como es debido”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!