Técnicamente hablando se dice que todo síndrome es un conjunto de síntomas o fenómenos que se presentan juntos o sea que concurren unos con otros y son característicos de una enfermedad, de una determinada situación o de un cuadro patológico concreto provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad tanto física como mental. Lo que quiere decir que cuando observemos algunos impulsos así sean inconscientes que se generan como producto de las tantas inconsecuencias e incoherencias que sofocan nuestros hábitos, debemos estar prestos a atender estas alertas y trasformar aquellas situaciones, no sea que esa suma de interacciones incorrectas nos vaya generando síndromes que lógicamente no solo nos afectan directamente a nosotros sino a nuestros entornos, algunos de los cuales no son identificables sino cuando ya nos están destruyendo.

Una perla anónima asegura que, “no existe ningún ser que tenga el derecho de despreciar a los otros seres”.

Cuentan que cuando le preguntaron al terapeuta el por qué decía que algunos miembros de la comunidad sufrían del síndrome del Sapo, este les dijo: – por su soberbia, arrogancia, prepotencia y obstinación, palabras que cual acróstico me llevaron a hablar de este síndrome. Y concluía este: – es que hay quienes son soberbios sintiéndose superiores a los demás provocando solo rechazo y distanciamiento de los demás. Adicionalmente son arrogantes suponiendo tener más derechos que los otros, también son prepotentes queriendo imponer una autoridad que especulan tener a como de lugar y lo peor del síndrome es que se hacen obstinados, tercos y se encierran en sus propias opiniones.

Y es que podríamos decir que así como se habla de este síndrome hay otra serie de errados comportamientos que valdría la pena no seguir reproduciendo y que por el contrario debemos reconocer los efectos negativos que nos generan y por ende la necesidad de transformarlos, enmendando a la vez los efectos de estos.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 3:22, “de hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria del Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!