Se dice que etimológicamente Mesías, Mashíaj, משיח, significa ungido, forma como los antiguos judíos ungían a un nuevo rey y que consistía en derramar aceite de oliva consagrándole con este sobre su cabeza. Sin embargo, el concepto en su contexto trascendente hace más referencia a un futuro líder, un rey proveniente de la línea davídica, quien será el investido para gobernarles. Ser lleno del Espíritu del Creador al que todas las profecías apuntan cómo que debía ser: una persona normal, hijo de padres comunes, mortal desde lo físico, cumpliendo además otra serie de requisitos que en su totalidad demostró Jesucristo pese a que los suyos especialmente los eruditos no los tuvieron en cuenta, ya que esperaban otro tipo de Rey siendo quizá necesario que en su segunda venida y de forma triunfante Él se muestre desde dicha perspectiva a ellos sin generar así ningún tipo de dudas.   

Una hermosa perla Bíblica nos recuerda que nosotros “no podemos servir al mismo tiempo al Creador y al Dinero”.

Cuentan que el pueblo Judío de la época en su mayoría no acepto a Jesucristo como su Mesías porque en sus expectativas consideran que Él les debía traer armonía universal desde todo el sentido de la palabra, visión que les permitiría vivir en completa paz especialmente con sus vecinos y hermanos, gracias a que según ellos el conocimiento del Creador se extendería en todos los confines de la Tierra. Por ello anhelan del Mesías una certeza perceptible al respecto, una que además le diera otro sentido a todas las existencias terrenales y que hoy los creyentes encontramos gracias a la Fe en Jesucristo.  

Pese a compartir creencias similares e incluso una historia común ha primado entre las religiones un desencuentro, desconfianza y hasta persecución. Más todo apunta a que entendamos que la no aceptación del Pueblo Judío de Jesucristo como su Mesías, debe ser mirada dentro del plan del Creador como la oportunidad que nos dio nuestro Padre Celestial a los gentiles para aprovechar la oportunidad de ese paréntesis en la historia y así poder acogernos a su misericordia, perdón y salvación. 

El Texto de Textos nos revela en Miqueas 5:2, “pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!