Igual que los Fariseos que le habían ordenado a Jesucristo silenciara las alegres alabanzas de la multitud, nosotros hoy cambiamos de un día a otro nuestra fe por miedo, especialmente cuando estamos ante autoridades que como Pilatos nos obligan a olvidarnos de Él y a condenarle con nuestros gritos de indiferencia demostrando así nuestras desobediencias y falta de confianza. Por ello nuestra Fe es estéril ya que no produce frutos de amor por lo que quizá necesitamos que el Mesías nos purifique enseñándonos y amonestándonos como ocurrió durante la última semana de Jesús, antes de su crucifixión en cumplimiento de la profecía donde pronunció un juicio simbólico sobre la irreverencia hacia su casa, espacio de oración de la cual habían olvidado algunos quién era que moraba en dicho Templo convirtiéndolo en espacio de comercio y avaricia. 

Una perla Bíblica nos reitera que escrito está: “Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”.

Cuentan que al leer los evangelios en el Nuevo Testamento nos debe quedar claro que el purificarnos significa atender el llamado de Jesucristo que nos reitera que si el primer templo fue destruido por Babilonia y el segundo por Roma en el año setenta, es porque ya no necesitamos más sacrificios de corderos pues Él lo hizo todo por nosotros, por lo que el nuevo templo se encuentra dentro de nuestros seres gracias a un Alma que debe reconectarse con el Espíritu Santo que a su vez nos integra a diario con el Padre Celestial o de lo contrario como la higuera estéril y sin frutos seremos desechados como iglesia.

Y es que así como Jesucristo maldijo a la higuera, juzgará a la generación que lo rechazó y que no entiende lo que significa la verdadera Fe, esa que en vez de dudas o del simple asombro debe ser del tamaño de un grano de mostaza, suficiente para mover montañas cuando se alinea con la voluntad del Creador, fe que nos lleva lógicamente a la resurrección y a la dependencia total de Él.

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 7:11, “¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice el Creador”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!