Aun retumba en nuestros oídos ese momento en el que se ejecuto el complot para tomar preso a Jesucristo y curiosamente aun parece que estamos preparándonos para condenarlo y mandarlo a la cruz. Es más desde dicha ilógica perspectiva algunas creencias siguen viéndolo en la cruz y olvidan que es tiempo de Pascua, de perdón. Más como Judas por treinta monedas lo seguimos vendiendo a cualquier Sanedrín para que ese tribunal religioso lo cuelgue. Pero lo cierto es que en aquel entonces con ello se estaban cumpliendo las profecías que tanto predicaron de Él. Por ello quienes creen que Jesucristo no acudió ese día al Templo permaneciendo en Betania para denotarnos la importancia de hacer vigilia y oración, nos invitan también a aprender del significado real de dicha redención. 

Una perla Bíblica nos expresa: “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.

Cuentan que Jesucristo era consciente de los clavos le iban a atravesar su carne, también que su cuerpo seria flagelado, escupido, deshonrado y además que pasaría por una muerte cruel más pese a ello no huyo, ya que entendía también que esa afrenta seria convertida en un sacrificio en el que Él pasaría de sacerdote y víctima a Rey, logrando con tan magnánimo acto el perdón del Padre para todos los humanos, pagar con su sangre el precio de justicia de todos nuestros pecados. Verdadero sacrificio expiatorio, que simbolizaba a ese cordero que soltaban los sacerdotes cada pascua y que llevaba sobre sí los pecados del pueblo de Israel. 

Así que el amor no es sólo la satisfacción por el gozo con la persona amada, sino el querer tanto al otro que se busca librarle de todo mal. Amor que aun hoy no todas las personas entienden y menos el acto salvador de Jesucristo en donde la redención se dio gracias a su muerte como único cordero que podía liberarnos del pecado, con lo cual es extraño que ni los príncipes, ni los sacerdotes, ni los escribas, ni los ancianos notables comprendan aún esta máxima. 

El Texto de Textos nos revela en Isaías 44:22, “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados;vuélvete a mí, porque yo te redimí.”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!