Hay distintas miradas al respecto del cuando se instituyo la cena del Señor y el para qué de la misma tanto que hay quienes la relacionan con el versículo en donde en el libro de Daniel este sueña al respecto de lo que seria el futuro en tres días del copero al que le hablo de vida y del panadero que recibiría la muerte, símbolo que para el que así lo quiera entender expresa que en tres días que muriera el cuerpo de Cristo se sellaría con sangre el pacto, por lo que todos los imaginarios nos pueden servir para proyectar incluso la oración de Getsemaní de Él como una motivación para que comprendamos que esa prensa mecánica de la cual se extraía aceite nos denota también el camino de nuestro Salvador para que al ser prensado, molido  y destruido nos redimiera, ungiéndonos así para recibir al Espíritu Santo. 

Una perla Bíblica nos amonesta: “estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.

Cuentan que Jesucristo además de invitarnos permanentemente a través de sus predicas a amar tanto nuestras vidas, las de nuestros próximos como al Creador, nos demostró que ello solo se logra a través de la oración con Fe, haciendo esta de forma obediente, frecuente, con confianza, intensamente, privadamente y reverentemente. Probablemente por ello quienes asumen actitudes solemnes en fechas especiales están intentando seguir ese modelo de adoración dedicándole a Él nuestros mejores momentos en agradecimiento por todo lo que hace por nosotros, y por ese amor que permanece en nuestros corazones. 

Algunas culturas celebran la pascua y en esa noche una cena en conmemoración del Creador quien nos recuerda a través de los evangelios que ese último encuentro de Jesucristo con sus discípulos en donde además de lavar sus pies les reitero antes de partir la importancia de orar y de guardar silencio para escuchar, nos prepara de cierta forma para cualquier situación, en ese caso al ser entregado y humillado logró pagar por todos nuestros pecados.  

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 12:14, “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”.  

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!