El concepto de salvación se hace mucho más complicado de entender si no nos sabemos pecadores y por lo tanto separados del Creador producto de nuestras desobediencias, esas que históricamente se han retroalimentado del árbol del conocimiento. Una vez que aceptamos esa condición original con la que incluso nacemos es lógico buscar esa redención que obtenemos mediante la fe en Jesucristo quien se sacrifico por nosotros para que obtuviéramos esa liberación espiritual y retornáramos a la eternidad de nuestro Padre Celestial. Lo que implica que solo hay un camino para ser salvos.   

Una perla Bíblica nos reitera que “todo el que invoque el nombre del Señor será salvo”.

Cuentan que al ser Crucificado Jesucristo por nuestros pecados nos dejó el camino libre para poder acércanos al Creador siendo el único intercesor para que el Espíritu Santo nos reintegrará al Padre, dejándonos tras su resurrección en claro que ya no hay nada que nos separe de la presencia del Creador y por lo tanto que gracias a la Fe en Él como Mesías podemos vislumbrar esa eternidad de la cual nos desconectamos producto de nuestras desobediencias. 

Bajo esa mirada la crucifixión debe ser entendida como el paréntesis que el Creador provocó en la historia humana y con ese acto de redención permitirnos a los no judíos hacer parte de su iglesia universal y por lo tanto recibir los inmerecidos beneficios de ser salvos para que una vez se cumpla todo su plan con la segunda venida de Cristo podamos todos retornar a su gloria. 

El Texto de Textos nos revela en Daniel 7:13, “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!