A partir de la resurrección de Jesucristo se nos devolvió de alguna forma la vida eterna a nuestros cuerpos mortales, por ello cada día como en la pascua nos debemos llenar de vigor para entender ese acto de la cena y con ella la institución de la Eucaristía en donde tenemos la oportunidad de celebrar junto a Él nuestra liberación en un sentido nuevo y mucho más amplio, una en donde ya no es un pueblo o una nación aislada a quien se le salva sino al mundo entero, logrando gracias a la Fe en Él estar preparados para retornar al Reino de los Cielos. Por ahora nuestro guía, el Espíritu Santo ilumina nuestros pasos para cruzar tanto el desierto de nuestras incertidumbres como el mar de nuestros miedos. 

Una perla Bíblica nos invita: “id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Cuentan que la tarea principal de Jesucristo fue la de hacer que todo el mundo vuelva al Creador a través de un acto redentor que como enseñanza nos denota la forma como debemos restaurar incluso esa genealogía real que como hijos y descendientes de David, nos otorga una segunda oportunidad, momento en el que Él mismo reconstruirá el tercer templo y a Jerusalén, reuniendo a su pueblo en su Tierra mientras a los creyentes ya nos ha arrebatado como su iglesia, con lo cual se establecerá dicho Sanedrín, corte suprema y legisladora que ahora le tendrá a Él como Juez para dar sus dictámenes acordes a la misericordia del Padre, lo que finiquitará con la restauración de toda la Creación. 

Es bien sabido que con la resurrección de Cristo se cumplieron todas las profecías y es por ello que con ella y el acto de Pentecostés gracias a la intercesión del Espíritu Santo terminan los evangelios e inicia el periodo de la iglesia, dándose inicio a la gran comisión, motivación para hacer discípulos y proclamar el evangelio de salvación.  

El Texto de Textos nos revela en Zacarías 8:3, “Así dice el Creador: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad”

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡Nos trasformaremos!