Regularmente parece que preferimos apartarnos que aportar en la vida de los otros seres humanos y ello se debe quizá a que no nos reconocemos como partes integrales de una Creación que nos reitera continuamente que estamos distraídos de lo que es vivir y por ello nos llama la atención de diversas formas al respecto. Probablemente por ello quienes viven explotando y con ello intentando dejar sus esquirlas en los seres incluso de sus seres mas queridos deben hacer un alto en el camino para darse cuenta que es tiempo de cambiar para que aquello que los venia afectando ya no les infecte más.

Una perla anónima nos reitera que “entre mayor es la dificultad mayor es el aprendizaje y la oportunidad de crecimiento”.

Cuentan que en una cotidianidad y mientras la tía observaba como su hermana agredía a su sobrina espero que se calmara y luego le comento: – tienes en tus manos a diario la capacidad de golpear o acariciar, en tus labios la capacidad de insultar o besar, en tus brazos la capacidad de empujar o abrazar, si que yo espero que asumas la diaria tarea de calmarte para que entiendas que estamos llamados a agradar y nunca a agredir a nuestros próximos.

Si en nosotros mismos tenemos las potencialidades que nos invitan a ser verdugos o sanadores no solo de nuestras existencias sino las de aquellos seres con los cuales compartimos nuestros entornos así que el llamado es a ser mas compasivos para evitar ser destructores. Se trata entonces de sumar esfuerzos para que nuestras coexistencias nos llenen de armonía y no como sucede en ocasiones para que sigamos desperdiciando nuestras oportunidades de compartir por estar compitiendo.

El Texto de Textos nos revela en Lucas 15:32, “mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!