Se dice que el paso del tiempo marca de una u otra forma nuestro ser. Y aunque algunas cicatrices producto de ciertas circunstancias de esas mal calificadas como adversas están allí tal vez solo para recordarnos que no debemos reiterarnos en dicho tipo de incoherencias, ello solo nos reconfirma que esas marcas no pueden ser nuestro punto de enfoque para mas bien comprender que la vida continua y que esas lecciones no son lesiones, sino simplemente válidos aprendizajes que deben aportarnos para nuestro crecimiento, el cual se denota en la posibilidad de irnos armonizando cada vez mas con todo lo exterior, especialmente con aquello que dentro de nuestras pruebas no quisiéramos que existiera, pero que esta ahí.  

Una perla anónima nos invita a “no darnos por vencidos sino mas bien a sabernos vencedores”.

Cuentan que cuando le preguntaron al experto agrónomo, este dijo que una forma interesante de descifrar la edad de un árbol es contando los anillos concéntricos que quedan al descubierto luego de un corte trasversal del tronco. Y es que se cree que cada anillo significa un ciclo, algo así como un año. Y concluyó el experto: – más no todos esos anillos son iguales, los hay claros y anchos denotando una temporada de abundantes lluvias y gran crecimiento como en nuestras vidas otros son delgados y tan unidos al siguiente que solo un microscopio nos permite observar sus diferencias, lo que significa que fue un año de sequias en donde el árbol busco conservarse sin crecer demasiado.

Y es que como todo ser vivo el tiempo y las circunstancias externas nos afectan y en ocasiones nos marcan en algunos aspectos de nuestras vidas lo cual nos debe permitir más nuestro crecimiento y a la vez la posibilidad de compartir más y más con una Creación que espera le aportemos lo mejor de nosotros para su armonía.  

El Texto de Textos nos revela en Jeremías 17:8, “será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!