Nuestro mundo esta plagado de posturas y visiones ortodoxas que incluso se convierten en irrefutables al punto que algunas de ellas han generado muertes y hasta guerras. Sin embargo lo ideal es no seguir repitiendo el mismo error y por el contrario permitirnos asumir unas nuevas posturas, entendiendo que nuestros pensamientos son limitados y finitos como nuestro lenguaje y no logran explicar el mundo ilimitado e infinito que nos circunda. Así las cosas a medida que logramos descubrimientos, más que ufanarnos de ellos deberíamos ir asimilando aquella máxima que nos invita a reflexionar al respecto que entre más aprendemos más descubrimos nuestra inmensa ignorancia.    

Una perla anónima nos reitera: “la mano abierta es bendecida porque recibe con la misma abundancia que da”. 

Cuentan que cuando el ateo físico quiso burlarse de su amigo creyente le dijo que le diera un argumento científico para demostrarle la validez de sus creencias por lo que este le preguntó si sabia quien era Robert Milikam, ante lo cual este con presunción le dijo que claro que era un premio nobel de física, a lo que el creyente repuso: – en el año 1928 cuando él obtuvo el premio dijo “es infinitamente imposible que el hombre utilice un día la potencia del átomo, la idea ilusoria según la cual emplearemos la energía atómica cuando nuestras reservas de carbón se hayan agotado es un sueño nada científico y utópico”, que sin embargo solo unos años después se demostró era factible. 

Muchas de las teorías científicas por las que en algún momento se premio a uno de sus autores como verdades absolutas terminan siendo relativas e incluso algunas dejaron de ser verdades lo que nos demuestra que son mas nuestros desconocimientos e ignorancias que los descubrimientos que hacemos a diario siendo necesario no dejar a un lado la fe ya que sin ella hasta nuestros conocimientos podrían perder su sentido.  

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 2:14, “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu del Creador, porque para él son locura”.  

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!