No es necesario ir a una institución educativa para poder valorar todo lo que la vida nos enseña a diario. Lo único que realmente necesitamos es el asumir con disposición de aprendices que una buena cantidad de cosas que nos acontecen, si así les queremos percibir, tienen lecciones para aportarnos. Se trata entonces de crecer y de aprovechar cada una de esas enseñanzas que se nos dan incluso gracias a aquellas circunstancias que en momentos mal calificamos como adversas para colocarnos en esa postura que se reflejara en que logremos relaciones mas armónicas, vidas mas tranquilas y por lo tanto una visión de contentamiento valorando todo lo que somos, hacemos, tenemos y especialmente a las personas con las cuales convivimos.

Una perla anónima nos recuerda que, “no hay mejor remedio para la vida que un alma tranquila, regocijada y plagada de contentamiento por todo lo que a diario comparte”.

Cuentan que en una cotidianidad el amigo le comentó a quienes se encontraban hablando de crisis y dilemas: – todo momento mal calificado como adverso tiene por lo menos tres enseñanzas, la primera que siempre hay una solución, la segunda que habrá una fecha en que todo cambiará y la tercera que tendremos un aprendizaje que nos servirá para toda la vida.

Si nos permitiéramos por algunos momentos reflexionar no tanto en nuestras expectativas e ilusiones sino en lo que la vida nos esta ofreciendo a cada instante probablemente dejaríamos de calificar esas situaciones y nos permitiríamos cualificarnos con ellas recibiendo de cada momento sus lecciones en vez de seguirnos cargando con lesiones.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 20:15, “Hay oro y multitud de piedras preciosas; Mas los labios prudentes son joya preciosa”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!