Si nos permitimos observar con mayor detalle el funcionamiento del mismo universo podemos aceptar que este se compone de pequeñísimas partículas, muchas de las cuales son imperceptibles, denotándonos que todo se suma a un trabajo conjunto que reconocemos como cuerpos o sistemas. Desde esa lógica son esas pequeñas moléculas con sus propiedades las que hacen que el gran cuerpo o sistema funcione correctamente. Enseñanza que llevada a nuestra vida práctica nos debe llevar a tener mucho cuidado con las pequeñas palabras, pensamientos y acciones que a veces ejecutamos inconscientemente pero que en su suma nos llevan a obtener logros que por no ser planificados no aspirábamos pero que si analizamos hacen parte de esa consecuencia lógica de sumar nuestros pequeños actos.

Una perla de Rousseau expresa: “es verdaderamente libre aquel que desea solamente lo que es capaz de realizar y que hace lo que le agrada”.

Cuentan que en una cotidianidad el historiador le dijo a su grupo selecto de estudiantes que la gran derrota que tuvo Napoleón en la Unión Soviética, muchos se la atribuían a la mala planificación de atacar en invierno lo cual aunque era cierto, se debía mas al pequeño descuido de llevar a sus caballos en el inclemente invierno con las herraduras inadecuadas, las que usaban los caballos regularmente en verano, lo que condujo a que estos animales murieran especialmente porque patinaban al intentar atravesar estos caminos congelados logrando con ello que el ejercito adicionalmente no tuviera, ni trasporte, ni provisiones.

Lo que nos denota que podemos tener grandes planes para trasformar algunas situaciones que nos aquejan pero que si no tenemos en cuenta algunos pequeños detalles de ese trasegar seguramente fracasaremos por lo cual es básico que entendamos que la vida se compone de pequeños actos que sumados nos arrojarán los grandes logros.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 34:11, “vengan, hijos míos, y escúchenme, que voy a enseñarles el temor del Señor. El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!