Regularmente buscamos modelos de vida que nos parecen dignos de emular pese a que en ocasiones no sabemos mucho al respecto de esas personas y solo presumimos que por sus bienes y posición social tienen lo que consideramos para nosotros le daría sentido a nuestras existencias. Sin embargo si nos detenemos un poco más a evaluar lo que verdaderamente le da valor a nuestras vidas dejando a un lado aquello que simplemente tiene un precio comercial y que erradamente consideramos como invaluable, podremos comprender con mayor claridad que la vida necesita es de nuestro aprecio, si de darle un valor intrínseco a todo aquello que somos, que hacemos, a las personas con las cuales convivimos y no tanto a lo que tenemos que adicionalmente es efímero. 

Una perla anónima afirma que, “quien dedica tiempo a mejorarse a sí mismo no pierde su tiempo criticando a los demás”. 

Cuentan que cuando el padre le estaba enseñando a cabalgar a su hijo le pedía siempre que en los momentos en donde no conociera muy bien el camino soltara las riendas un poco para que el caballo le guiara. Pero si además era de noche las soltara totalmente y se dejara guiar por este ya que es conocido que los caballos ven mejor que los humanos de noche y además conocen perfectamente los caminos que los vuelven a llevar a sus hogares. 

Valida propuesta que nos debe servir a nosotros para comprender que en algunas ocasiones debemos soltar las riendas y dejarnos guiar de el más grande o por lo menos de aquellos que por sus capacidades y conocimientos pueden denotarnos cuáles serian las mejores salidas cuando nos encontramos frente a verdaderos abismos. 

El Texto de Textos nos revela en Isaías 58:11, “el Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!