Es claro que el mundo exterior nos afecta y a la vez nos infecta y aunque bajo esa perspectiva podemos seguir culpando a los demás por lo que acontece en nuestros estados de ánimo interiores, también es cierto que nosotros podemos variar estos. Ya que aunque esas circunstancias exteriores podrán seguir aconteciendo e incluso por algunos momentos lastimarnos, depende de nosotros si prolongamos las molestias y el dolor y más si decidimos seguir magnificando dichos hechos o si por el contrario intentamos colocar lo mejor de nosotros para que todo ello varíe. 

Una perla de Goethe asegura que, “el niño es realista, el muchacho idealista, el hombre escéptico y el viejo místico”.

Cuentan que cuando le preguntaron a un sabio oriental al respecto de por qué decía que la paz mundial se inscribe en el corazón de los hombres este respondió: – en nuestro país tenemos muy claro que cuando hay rectitud en el corazón, hay belleza en el carácter, que cuando hay claridad en la visión de vida, hay armonía en el hogar, hay orden en la nación y por lo tanto cuando hay de ese orden general hay paz en el mundo.

Hay momentos en donde esperamos cambios exteriores sin darnos cuenta que casi todos ellos deben partir de trasformaciones interiores de esas que se hagan ejemplarizantes para que nuestros próximos se contagien de ellas y a la vez, guiemos con estas a las nuevas generaciones en pro de ese bienestar general que tanto anhelamos desde lo individual. 

El Texto de Textos nos revela en I de Tesalonicenses 5:14, “que sostengáis a los débiles”.  

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras …

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!