Cuando las circunstancias nos colocan contra la pared regularmente clamamos al Creador no solo por un cambio en ese mundo que nos esta perturbando sino incluso por una explicación contundente al respecto del por qué de eso que estamos padeciendo, cuando quizá deberíamos cuestionarnos más bien el para qué, logrando con esas nuevas reflexiones encontrar entre muchas cosas propósitos de crecimiento, lecciones, aprendizajes que permitan que esa aparente adversidad o prueba promueva un mejoramiento que fortalezca incluso nuestra esperanza. Pero si no logramos cambiar lo que consideramos nos esta atormentando y que es exterior, si podemos intentar trasformar ese imaginario de tormenta interior y gracias a esa nueva percepción que implica una mejorada perspectiva para superar el reto de transformarnos a nosotros mismos.

Una perla anónima nos invita a “revisar muy bien el presente que estamos construyendo hasta lograr que este se asemeje al futuro que tanto anhelamos”. 

Cuentan que en una cotidianidad el jardinero tomo la pequeña pero mejor semilla de su colección y la llevó hacia el terreno mientras en el camino esta le cuestionaba de por qué no la dejaba en casa con las demás semillas, sin embargo este no le respondía. Ya en el terreno este empezó a remover la tierra, lo que hizo que la semilla se preocupara mucho más temiendo lo que sería su futuro, así que con más desespero le imploró le devolviese ya a casa, mientras contrariamente él seguía guardando silencio y removiendo aun más dicho terrero. Luego y pese a que ella gritaba y suplicaba, este la enterró y además le echo tierra encima, hasta que la semilla quedo completamente a oscuras. Por lo que aunque espero por un tiempo para ver si él la sacaba, se dio cuenta que debía luchar con todas sus fuerzas para salir de allí, así que a medida que se ocupo de encontrar una salida broto, echo raíces y se convirtió en una hermosa flor. 

Que bien que nos demos cuenta en momentos de crisis que tenemos la oportunidad de hacer algo más que lo necesario para ascender al nivel de lo que antes no percibíamos como posible y quizá al final, podremos alcanzar si nos esforzamos más, aquello que en un momento consideramos como imposible, ya que la disciplina a la que tanto le tememos cuando incluso procede de un tercero, nos dicta que a través de nuestros pequeños actos, podemos hacer trasformaciones continuas y permanentes que nos lleven a esos grandes cambios que solo proyectábamos como expectativas efímeras. 

El Textos de Textos nos revela en proverbios 3:11, “Hijo mío, no desprecies la disciplina del Creador, ni te ofendas por sus reprensiones. Porque el Creador disciplina a los que ama, como corrige un padre a su hijo querido”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!