Es bien sabido que se presentan cambios físicos diarios en nuestro ser, sin embargo nos cuesta entender que también se nos proyectan cambios mentales permanentes a los cuales no atendemos pero que nos pueden afectar y hasta infectar nuestras interacciones inconscientemente si no les prestamos la debida atención. De allí la importancia de asimilar y asumir estos pero desde una lógica mas positiva y prospectiva que nos motive a ser mejores seres humanos. Todo se renueva, se trata entonces de hacer balances permanentes para determinar en qué aspectos estamos mejorando y en cuáles no y, a la vez convertir esa teoría de crecimiento en una visión ejemplarizante para todos los entornos en los que coexistimos.   

Una perla anónima nos reitera “que problemas afectivos son verdaderamente diferentes a los de efectivo”.

Cuentan que cuando el padre llegó molestó a contarle al abuelo que el nieto había cambiado terriblemente y que incluso le quería desheredar, este le dijo que tuviera paciencia, que recordara su propia juventud y además que entendiera por fin, que desconocemos a los demás y más cuando a esos otros los hemos dejado de ver y ello nos demuestra que nosotros mismos vivimos presentando cambios continuos que en ocasiones no reconocemos y que hasta se los adjudicamos a esos otros. 

Y es que aunque nos cuesta aceptarlo todos, a cada instante estamos cambiando aunque desafortunadamente algunas trasformaciones no las usamos para nuestro crecimiento sino que por el contrario parecen son de decrecimiento, así que lo mejor es asumir todas esas renovaciones desde una perspectiva más positiva que nos ayude a inter relacionarnos más y mejor con las demás personas. 

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 3:12, “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Creador vivo”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!