Cada nuevo día o cada nueva mañana e incluso cada nuevo segundo es una oportunidad que nos da el Creador para continuar nuestro proceso de integrarnos a nosotros mismos, a los otros, a su obra y a Él, siendo adicionalmente nuestra obligación corresponderle dando lo mejor de nosotros en cada instante que como presente Él nos da para dichos propósitos. Desde esa perspectiva cada cumpleaños debería entenderse como un espacio para reflexionar al respecto y por ende reenfocar nuestros pasos, si es que así lo vamos entendiendo para que nuestras prioridades tengan menos que ver con una economía que nos lleva a competir y más con unas relaciones que nos incitan a compartir.   

Una perla anónima nos expresa que, “las metas y planes que el Creador tiene para nosotros, deben ser realmente nuestras principales metas”.

Cuentan que en una cotidianidad y aprovechando la celebración de su onomástico el buen amigo le sugirió al cumpleañero que en vez de seguir sumando penas, tentaciones, dificultades, oposiciones, depresiones, deserciones, peligros y desalientos aprovechará la nueva oportunidad que explicaba dicha celebración y así encontrara el gozo de sabernos guiados por Él sabiéndonos en su presencia y acogiéndonos a su voluntad, gracias a que atendemos sus promesas y por ello asumimos a través de ellas la recompensa de sabernos sus hijos.

Cada día el nos recuerda a través del presente que nos esta otorgando un tiempo más de vida para que nos acerquemos a Él, misión que aunque por momentos olvidamos se debe convertir en el principal propósito de nuestras diarias busquedas, las cuales más que económicas son trascendentes.   

El Texto de Textos nos revela en Romanos 5:8, “mas el Creador muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!