En medio de situaciones complejas como la pandemia mundial que estamos viviendo es muy común que algunas personas consideren que todo tiempo pasado fue mejor e incluso que hasta se considere que el incierto futuro que nos depara va a ser catastrófico, lo cual depende como muchas cosas de cómo queramos evaluar lo que la vida nos ofrece, ya que aunque las circunstancias cambian depende de nosotros el asumir estas para nuestro crecimiento y cualificación o como una carga que solamente nos promueve angustias y depresiones. La realidad se encuentra inscrita en nuestras propias reflexiones interiores y la perspectiva que gracias a ello tengamos o no de nuestras coexistencias. 

Una perla anónima nos dice “no creas que porque te sirvo soy tu sirviente”. 

Cuentan que cuando el violinista llegó al concierto, una vez dio inicio a la interpretación de una de las piezas clásicas de su repertorio una de las cuerdas se le rompió por lo que este para no detener la ejecución que percibía el publico estaba disfrutando opto por continuar con el resto de cuerdas dando la posibilidad de descubrir dentro de su propio ser cuánta música podía hacer con lo mejor de él mismo así como todo lo que le quedaba por aprender y crecer. 

Es valido que en vez de quedarnos en el pasado, mirando incluso lo que se rompió, miremos lo que aun nos queda y sigamos adelante ya que siempre la vida nos ofrece nuevas y mejores oportunidades para nuestro crecimiento, lo que marcara la diferencia siempre será la forma como enfrentamos todo y además el cómo dejamos nuestras expectativas a un lado.  

El Texto de Textos nos revela en Juan 6:44, “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos trasformaremos!