Todo parece indicar que hasta dentro de nuestras búsquedas incluso las escolares nos enfocamos en ser competentes como ciudadanos pero estamos equivocándonos de rumbo y nos hacemos competitivos, lo que deriva en que finalmente queramos obtener el triunfo incluso sin importarnos los medios para ello. Bajo dicha mirada debemos trabajar a diario para que algunas de esas programaciones mentales mercantiles nefastas no sigan influenciando nuestros seres alejándonos así de ese sentimiento egoísta que parece cogobernar nuestras comunidades y que en medio de esa competencia incluso salvaje nos convierte más bien en incompetentes. 

Una perla anónima afirma que, “un error reconocido es una victoria ganada”.

Cuentan que cuando el abuelo invito a todos los chicos del barrio a comerse un pastel en su casa dejó a propósito una porción muy pequeña para ver quien la tomaba, llevándose la sorpresa que la niña mas pequeña de la cuadra lo hizo y aunque él supuso era por desconocimiento lo sorprendió la respuesta posterior de la chiquilla: – mi madre me ha enseñado que siempre debo esperar y que así reciba al final lo que considero lo menor debo agradecer, pues antes de ello no tenia nada así que todo lo que llega hay que recibirlo gratamente como algo inmerecido. 

Nos han enseñado incorrectamente a querer ser primeros, a buscar el pedazo más grande, a ganarle a los demás, a buscar que otros nos sirvan y lo peor de dichas enseñanzas es a que seamos egoístas, competitivos y en algunos casos indiferentes a los dilemas de los demás, aprendizajes que debemos reenfocar y cambiar para que no sigamos siendo inconsecuentes.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 1:22, “amaos unos a otros entrañablemente de corazón puro”. 

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!