Hay quienes piensan que son los demás miembros de su comunidad los responsables de todo lo que nos acontece, sin darnos cuenta que con nuestras acciones o con nuestras omisiones aportamos ya sea para el bienestar general de nuestras comunidades o en caso contrario para el deterioro de las relaciones que allí se dan. Bajo esa mirada debemos dar de lo mejor de nosotros para que todo funcione de la manera correcta incluyendo dentro de dichos propósitos el guiar o si es el caso corregir a quienes no concuerdan con esos propósitos generales ya que de lo contrario seremos afectados por sus incoherencias.   

Una perla anónima expresa que “la ignorancia es la madre de todos los crímenes”.

Cuentan que cuando un grupo de vecinos se reunió con el alcalde para ponerle quejas por lo que consideraban un deficiente servicio de recolección de sus basuras y desechos, este les dijo: – un barrio limpio o una calle sin basuras, no depende solo del servicio de limpieza de una ciudad sino también de la educación de sus habitantes quienes; no reciclan, no reutilizan, no reducen, no reparan y menos regulan el número de desechos que generan, suponiendo que es el gobierno el que tiene que encargarse de ellos, cuando el estado somos todos. 

Y es que se volvió muy común esperar que sean los funcionarios estatales y lideres quienes tengan que solucionar todos los problemas que individualmente generamos nosotros, en vez de comprender que estamos llamados no solo a responder por nuestras acciones, sino además a ayudar a otros para que con nuestro ejemplo y guía se mantengan en dichos propósitos que abrigan un bienestar general.    

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 1:8, “oye hijo mío la instrucción de tu padre y no desprecies la dirección de tu madre”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!