Se habla por algunos conocedores de estos temas de diferentes tipos, etapas e incluso formas de amar que van desde, aquel sentimiento que se expresa para una persona con quien compartimos nuestras vidas o para nuestros padres o hijos o nuestros amigos o hasta aquel que sentimos por nuestros familiares cercanos y vecinos. Es más se habla de un amor pasional que requiriendo de diferentes placeres debe ser alimentado o de lo contrario se desvanece. Sin embargo y sin contradecir este tipo de visiones también se nos dice que hay un amor que como un vinculo perfecto nos invita a ir aprendiendo a fluir gracias a todas esas interacciones, lo que quiere decir que en vez de calificar el grado de amor que tenemos deberíamos cualificarnos cada vez más con él.  

Una perla de Miguel de Cervantes Saavedra afirma que “amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama”.

Cuentan que cuando la pareja se separo aparentemente por un tiempo debido a múltiples inconvenientes, la suegra escuchó como su nuera le recriminaba a su hijo por teléfono la falta de amor y de interés por recuperar esa relación. Y aunque ella intentaba no entrometerse en esa relación, llegó el momento en que se canso y por ello busco el instante oportuno y el lugar adecuado para con mucho respeto e incluso cariño decirle: – el verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea mejor de lo que es. 

Mucho se habla de amar es cierto, mas sin embargo parece que no todas las personas entienden la importancia de dar amor y evitar el pedir que se le devuelva este, ojala en mayor proporción de lo ofrecido. Quizá por ello es que desde dicha perspectiva convertirnos el amor en sentimientos de apego que no tienen nada que ver con este fluir divino. 

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 3:20, “hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!