Cada ciudadano tiene la responsabilidad no solo de respetar y acatar unas normas sino a la vez de trabajar con responsabilidad en la búsqueda del bienestar general. Desde dicha perspectiva no se trata tanto de vivir para no hacerle daño a los demás, sino también de generar diversas acciones propositivas, prospectivas y positivas que nos beneficien a todos como comunidad, de lo contrario incluso el silencio ante algunas acciones aparentemente inofensivas mas que complicidad implica el dejar que esa suma de incoherencias terminen dañando tanto a dichas comunidades como también y por una lógica que aparentemente no parece, a nuestras propias vidas.   

Una perla anónima expresa: “el colapso de la educación es el colapso de una nación” 

Cuentan que cuando le preguntaron al experto qué se necesitaba para exterminar una cultura y un pueblo este dijo: – para terminar con una nación solamente se necesita de la ignorancia de sus gentes, que sus ciudadanos hagan trampas e incumplan con sus pequeñas tareas cotidianas, que los profesionales no respondan con sus oficios y que quienes trabajan lo hagan de mala gana, también se pierde una nación cuando sus ingenieros, arquitectos y obreros hacen las construcciones a medias o con materiales de mala calidad, cuando los líderes se corrompen y se reparten los recursos públicos, cuando los que deben predicar el bien con sus actos se dedican a engañar, pero sobre todo cuando quienes deben impartir justicia la manipulan, conforme a sus propios intereses egoístas e individualistas. 

Seguramente por ello y aunque hay quienes esperan que sean bombas atómicas o guerras las que destruyan todo lo que se ha construido, no nos damos cuenta que con esas pequeñas y continuas acciones incorrectas estamos haciendo más daño y de mayor proporción que con estos actos reconocidos como atroces. 

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:17, “no es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!