En un mundo en donde prima lo material parece más que complejo el percibirnos como seres que trascienden de este plano terrenal a otro en donde el tiempo y el espacio no tienen la misma fuerza que aquí le atribuimos. Y aunque no hay una forma verbal de explicar lo que aquí se esta expresando si es importante aceptar así sea por fe, que aunque nuestro cuerpo interior se desgasta hay una parte de nosotros mismos que nos denota a diario que estamos más allá de esta corporalidad y por lo tanto seguramente tenemos nuevas oportunidades de vida, de esas que superan nuestros entornos físicos e incluso los mentales y nos invitan a percibirnos desde una dimensión espiritual. 

Una perla anónima nos dice: “cuando se ama parece que todo nos cambia”. 

Cuentan que cuando el creyente fue asesinado por un grupo de seres plagados de rencores y que con esa acción macabra suponían esos mensajes de vida ya no serian mas expresados, se llevaron la sorpresa que este en su lapida había pedido grabaran la siguiente frase: – me sepultaron y lo que no sabían es que yo era una semilla.

Grandiosa expresión que en ocasiones parece un poco difícil de comprender pero que sin embargo tiene un enorme contenido, especialmente cuando no entendemos que la vida es eterna y que por lo tanto aunque hay quienes suponen que con el cuerpo todo se termina, ellos olvidan que somos seres integrales, eternos, que estamos en continua transformación, lo que quiere decir que quizá se siembra un cuerpo para que renazca un espíritu.  

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 22:1, “si vieres extraviado el buey de tu hermano, o su cordero, no le negarás tu ayuda; lo volverás a tu hermano”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!