Si nos permitiéramos hacer un listado detallado del minuto a minuto de nuestras existencias como lo hacemos con algunos encuentros deportivos seguramente nos daríamos cuenta de las muchas cosas que debimos hacer y que incluso no hicimos por suponer que tendremos nuevas oportunidades de hacerlo o en el peor de los casos porque nos daba pereza, lo que quiere decir que deberíamos valorar más cada segundo que la vida nos otorga degustando estos al máximo sabiendo que en el fondo contamos con una cantidad de tiempo limitado que aunque suponemos es demasiado, quizá algún día reconozcamos que aunque este puede parecernos mucho, no lo es.  

Una perla anónima nos comenta: “la verdad es imperfecta para muchas cosas pero no para la vida”. 

Cuentan que cuando la docente observó como un grupo de adolescentes preferían estarse en la esquina de su casa quejándose y hasta desperdiciando esos años en donde deberían estar fortaleciendo además de sus cuerpos, sus mentes y proyectando sus vidas, les busco y les recomendó lo siguiente: – atrévanse a caminar aunque para ello lo tengan que hacer descalzos, a sonreírle a la vida aunque no tengan motivos y a ayudar a otros sin importar si reciben o no aplausos”.

Y es que en ocasiones no nos damos cuenta que al desperdiciar cada instante que la vida nos otorga estamos dejando a un lado ese contado cúmulo de posibilidades que gratuitamente se nos ha dado y que al suponer son muchas, no valoramos, cuando realmente y al final del camino nos daremos cuenta que no eran tantas como pensábamos. 

El Texto de Textos nos revela en I de Juan 1:9, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!