Todo en la vida requiere de encontrar un equilibrio lo que quiere decir que aunque es sano correr riesgos y vencer miedos no podemos actuar de forma irresponsable sin medir los efectos de nuestras decisiones. A diario debemos tomar todo tipo de decisiones y aunque algunos de nuestros actos parecen involuntarios lo cierto es que todos nos entregan consecuencias que nos afectarán positiva o negativamente, lo que quiere decir que en algunos momentos los riesgos tomados pueden hasta infectarnos. Pero produzcan los resultados medibles o no, lo cierto es que el día a día nos invita a asumir algunos riesgos controlados para poder alcanzar ciertas metas a las cuales la mayoría de personas no se atreven.

Una perla anónima nos reitera que, “la cabeza vacía del pedante es el recinto de la vanidad”.

Cuentan que cuando al entrenador le preguntaron el por qué sus dirigidos regularmente ganaban, este teniendo seguridad en lo que expresaba pero con mucha humildad aseguró, que desde los primeros entrenamientos les enseñaba a arriesgarse, dejándoles muy claro que si las cosas funcionaban todo se convertiría en un gran recuerdo, pero que si las cosas no funcionaba seria una gran experiencia, con lo cual les denotaba la importancia de arriesgarnos.

Y no se trata de correr riesgos porque sí, por el contrario, para poder correr riesgos debemos evaluar muy bien los posibles efectos de nuestras acciones, lo que en términos muy simples nos invita a pensar antes de actuar. Y es que una cosa es vencer nuestros miedos y arriesgarnos sabiamente y otra el hacerlo irresponsablemente.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 53:5, “más Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados, el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Aquí y ahora, tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…

COTIDIANIDADES…

¡nos transformaremos!